Respuesta a: El Reino de los Cielos

#10596
Félix Guttmann
Moderador

Nilbia:

Con este aparte inicias tu intervención descontando el contexto: “PORQUE HA PARECIDO BIEN AL “VIENTO SANTO” Y HA NOSOTROS, NO IMPONERLES NINGUNA CARGA” (Hechos 15:28). ¿Este aparte tiene relación con toda tu exposición? No, cierta e irrefutablemente que no. No es de sabios ni edifica, sacar de un contexto un aparte para edificar un pretexto. Eso confunde en vez de orientar objetivamente.
El contexto dice que «entonces pareció bien a los misioneros y a los veteranos, con toda la congregación, elegir de entre ellos varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos; y escribir por conducto de ellos: Los misioneros, y los veteranosy los hermanos, a los hermanos de entre los gentiles que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia, salud.
Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley,«.

Esa es la razón de ser, el meollo de ese aparte que sacaste de su contexto para aplicarlo a un tema muy diferente.

«nos ha parecido bien, habiendo llegado a un acuerdo, elegir varones y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo, hombres que han expuesto su vida por el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Así que enviamos a Judas y a Silas, los cuales también de palabra os harán saber lo mismo. Porque ha parecido bien al Viento Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga —————-más que estas cosas necesarias:
(1) que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, (2) de sangre, de ahogado y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien (…) (Act 15:22-31 R60).

Ese aparte, “PORQUE HA PARECIDO BIEN AL “VIENTO SANTO” Y HA NOSOTROS, NO IMPONERLES NINGUNA CARGA”, tiene relación con esos dos puntales: (1) que se abstuvieran de lo sacrificado a ídolos, y (2) de sangre, de ahogado y de fornicación.

Con respecto al comentario contra los Judaizantes, acerca de los diezmos, los días de reposo, etc.

Abraham solamente le diezmó al sacerdote Melquisedec en esa ocasión en relación a ese botín (Gen. 14.18-20). El diezmo es tan antiguo como la historia de su procedencia, que no se ventila en el reino de los cielos, solamente en el mundo terrenal.

Ese precedente ciertamente mella en la ley, porque con base en ese hecho también pagó el diezmo Leví, que recibía los diezmos, teniendose en cuenta que Abraham aún estaba bajo la autoridad («en los lomos») de su padre, Taré, «cuando Melquisedec le salió al encuentro» (Heb 7:9-10 R60).

En aquella ocasión, como consecuencia del rescate de Lot, apareció en la escena «Melej Tzedek», el rey Justo, monarca encargado de la PAZ («Salem»; «shalom»), sacerdote del Dios altisimo. Jesús, a causa de su obediencia hasta la muerte, es Sumo Sacerdote de esa Orden.

«Melej Tzedek» sacó dos importantes distintivos en el plan del Altísimo, el pan y el vino y dijo bien del patriarca elegido aclarando: «bendito sea Abraham», el elegido por «el Dios altísimo», el «creador de los cielos y de la tierra». A la vez «Melej Tzedek» dijo bien del «Dios Altisimo», quien participó, enviando a sus mensajeros, a esa operación de rescate («que entregó tus enemigos en tu mano».

Por esa razón «le dió Abraham los diezmos de todo”.

Este evento entre Abraham y Melquisedec dejó un precedente mediante el cual a la nación israelita se le enseñaría a pagar o entregar la décima parte de sus logros en especies o como los manejasen, a una de sus doce tribus, la de Leví, como si sus logros se tratasen de un botín logrado con la intervención del Altísimo. También habrían de llevar sus «primicias» (Ex. 34.26).

Por ello se estableció a esa nación sobre la tierra, en ese desierto primeramente, acuartelada durante 40 años, formada como un ejército para que aprendiera a ser sana, con base en los valores del reino de los cielos, y de esa manera llegar a ser intercesores (sacerdotes) solamente entre esas doce tribus y el Altísimo (Ex. 34.24; Lev. 20.23-26), hasta que llegara «Shiloaj» (El Enviado) (Gen. 49.10.

Cierto, el apartar las primicias y la décima parte de lo logrado fue sellado como ley, debajo del monte Sinai, solo para el pueblo de Israel (Levítico 27:30-34) (Numeros 18:21) (Deuteronomio 14:22-29).

El patriarca Abraham no fue bendecido porque diezmó, sino porque había sido elegido para iniciar el plan de las promesas hechas, primeramente al Hijo, en los hijos del reino de los cielos (Hebreos 7:6) y luego a él mismo; promesas extensivas a su hijo (Yitzaac) y nieto (Yacob), a la nación de Israel y a las muchedumbres que aceptaran a El Enviado (Gal. 3.16-29).

No es cierto que «las bendiciones en el caso del diezmo solo aparecen en la ley, para el pueblo Judío y para los hijos de Leví que reciben los diezmos (Deuteronomio 14:29) (Malaquias 3:6,9,10,12) (Levítico 27:34)».

El diezmar no es una bendición. Es una obligación. Una imposición. El diezmar no existe en el reino de los cielos. Existe sobre la tierra desde la fundación del mundo bajo el imperio de Satán. Las primicias son las entregas que hacen como alabanzas al Padre los hijos del reino de los cielos, para el reino de los cielos, como resultado del aprovechamiento que de la creación hacen los hijos de ese reino.

Dar las primicias y pagar el diezmo le fueron constituidas a la nación que actuaría según los parámetros del Plan del Altísimo. No fueron impuestas solamente al «pueblo Judío», sino a las doce tribus de la «casa de Israel», y entre esas está la «casa de Yehudá» y la de Leví.

No es cierto que «nadie del pueblo de Israel, en todo el antiguo pacto y hasta el día de hoy, ha diezmado basándose en el evento de Abraham y Melquisedec», si se tiene en cuenta que aquel evento, entre ese monarca y sacerdote del Altísimo y el patriarca Abraham, fue un precedente puntual, porque «en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos», y, ¿por qué los pagó? Porque aún «estaba en los lomos de su padre», Taré, es decir que a esos días se sujetaba Abraham a su padre Taré, «cuando Melquisedec le salió al encuentro» (Heb. 7.5; 9-10).

Aun cuando todas las tribus de Israel y la judeidad diezmaban por la ley, hasta el año 70dC., de todos modos el precedente de Abraham con «Melej Tzedek» siguió siendo un faro en los entendidos. En teoría los actuales israelitas y los judíos no diezman porque no existe lo que les haría hacerlo, el restablecimiento del sacerdocio Levítico y el nuevo Templo. En la realidad miles no lo harían, aunque se reconstruyera ese «templo» y se restableciera ese sacerdocio, por el solo antagonismo que existe entre lo «laico» isrealita y judío y lo ortodoxo.

No es cierto que el patriarca Abraham no diezmó de sus riquezas. Abraham diezmaba al rey del dominio donde habitaba, por esa razón «cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban», le salió al encuentro el rey de Sodoma, quien le esperó en el valle de Save, que era precisamente su dominio: «el Valle del Rey» (Gen 14:17 R60). De no haberle interceptado Melquisedec, ese rey habría exigido el diezmo de ese botín. Ese monarca no lo exigió por la explicación que le dio Abraham en relación a su encuentro con ese otro «Melej» (rey). Con base en esa aclaración, «el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti los bienes».

Sin embargo de la parte del botín de Abraham (el 90%), recibió ese rey de Sodoma, por eso le aclaró «Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Jehová Elohim, el Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram. Abraham se descontó «solamente lo que comieron los jóvenes, y la parte de los varones que fueron con él: Aner, Escol y Mamre», los cuales también «tomarán su parte» (Gen 14:21-24).

Aun cuando el dar primicias y diezmar fueron constituidas por la ley dada a la nación israelita, ello no exonera el evento entre Abraham y Melquisedec, porque detrás de bambalinas ese hecho tiene procedencia, continuidad y trascedencia, hasta que Jesús retorne. A partir del milenio solo quedará el dar como alabanza las primicias, así como lo hizo Jesús, llevarse sus primicias para el Padre.

En aquella ocasión que describe Malaquías, Yehováh no amonestó a los hijos de Israel, sino que les maldijo por ladrones, porque le estaban ROBANDO sus diezmos, e intrínsecamente en ese hecho está el evento Abraham con Melquisedec.

Cuando nuestro señor Jesucristo exhortó a los fariseos porque ciertamente diezmaban, pero no tenían misericordia del prójimo, aunque no resaltó el meollo Abraham con Melquisedec, ello no indica que los fariseos no supieran lo que hay bajo ese asunto.

Es una pérdida de tiempo «reconocerse» esa «salvedad» que traes a colación, porque demuestra desconocimiento total de la razón de ser del diezmar en donde quiera que ello fue un impuesto esencial, si se tiene en cuenta que entre las innumerables monarquías que existieron antes de Abraham y en sus días y aún después de su existencia, estaba el rey de Sodoma quien al igual que los demás monarcas recibía de sus súbditos o pasantes por su dominio, que ejercieran ganancias, la décima parte de sus resultados o ganancias.

Aún en la actualidad existen tribus de indígenas que le diezman a sus reyes …

No es entonces correcto afirmar que «el evento entre Abraham y Melquisedec es primero que la ley en cuanto al orden de cronología», porque el diezmar es una ley de la que se escucha en el eco de los tiempos que iniciaron cuando Satán se rebeló. Desde entonces los monarcas y príncipes que surgieron exigieron la décima parte de los resultados o gestiones que hicieron sus súbditos.

El tema por despejar es el por qué se exigió solo la «décima» parte y no otro porcentaje menos o más oneroso. ¿Por qué solo el 10%? La explicación radica en el número DIEZ, la letra YUD en hebreo, con la cual se escribe, por ejemplo, «Yehovah», «Yeshua» …. y que son DIEZ esos mandatos escritos «con el dedo de ELOHIM, en esas —dos— tablas».

En cuanto a que «hay un recurso intencionado para someter a los gentiles a judaizar (en este caso a diezmar), y es que identifican a Melquisedec como teofanía de Cristo (Cristo en otra forma)», pues, el enfoque está desvirtuado. Los judíos seguidores de Yeshúa, judaizantes sin embargo, no se ensañaron en el hecho de que los gentiles, que aceptaran a quienes ellos aceptaron como El Enviado o El Ungido para Israel, tenían que diezmar.

No es prudente enmarcar un proceso en cuanto a tiempo y lugares en un solo cantar. Si hablamos de judaizar, Pablo mismo siguió leyes después de su experiencia con Jesús (Hech. 18.18; 21:18-26 R60).

Con respecto a la tal «teofanía», la «manifestación de la deidad”, ello encajó solo en los judíos helenizados desde aquellos tiempos cuando los griegos les influenciaron.

Si en Jesucristo habita corporalmente toda la plenitud del Padre, también en Melquisedec (Heb. 7.1-4), y los seguidores de Jesús han de llegar a la «semejanza» de Jesús (1Jn. 3.2); y a la misma «estatura» de «Cristo» (Ef. 4.13), y todos serán «llenos de toda la plenitud» del Padre (Ef. 3.19).

Abraham si «adoró» a Melquisedec», si es que despejamos como corresponde eso de «adorar» (heb. «Lehishtatej»). Melquisedec es un rey de un ministerio llamado «Shalom», y a la vez es un «sacerdote del Dios Altísimo». Por ello bendijo a ambos, al patriarca «Abram» —–del Dios Altísimo——-al Dios Altísimo, que le entregó sus enemigos en su mano. Por ello «le dio Abram los diezmos de todo». (Gen 14:18-20 R60). Jesús es Sumo sacerdote de la Orden a la cual pertenece Melquisedec. Abraham «adoró» y «postrado en tierra» ( ויִּשְׁתַּ֖חוּ אָֽרְצָה ) a esos tres varones que reseña Gen. 18.2. En aquella ocasión, «Abraham se levantó, y se postró al pueblo de aquella tierra, a los hijos de Het, (Gen 23:7; 12; ). Siempre a la luz de la fuente hebrea, tenemos que Lot también «se postró en tierra» ante los dos de esos tres que llegaron a esa ciudad (Gen. 19.1).

Mientras esta realidad la coronen de «teología», difícilmente los «teólogos» y sus influenciados verán los hechos como corresponde.

Con relación a tu titulo: «Nótese algunas diferencias», tenemos que Melquisedec no es el verbo de Dios y Jesús tampoco. Al respecto, la fuente griega no hace referencia a «rhema» (verbo) sino a «logos» (λόγος, palabra). En ninguna parte del llamado «nuevo testamento», en griego aparece el vocablo «verbo». Siempre hace relación con el «logos». Nadie estudia el «verbo de Dios», sino la «palabra de Dios».

Jesucristo NO es Dios fuerte ni Padre eterno. Eso no lo dice Isaías 9:6. En hebreo está escrito: «וַיִּקְרָ֙א שְׁמ֜וֹ פֶּ֠לֶא יוֹעֵץ֙ אֵ֣ל גִּבּ֔וֹר אֲבִיעַ֖ד שַׂר־שָׁלֽוֹם׃»
«Y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Altísimo Valiente; nustro Padre Eterno, ministro de Paz».

Bien claro define Isaías cómo será llamado Jesús. «Admirable» le dicen en el reino de los cielos a todos los mensajeros procedentes de ese reino que le sirven al Altísimo (Jue. 13.18). En cuanto a llamarlo: «nuestro Padre Eterno», Jesús llama a sus seguidores sus «hijitos» (Jn. 13.33; 21.5); Pablo también (Gal. 4.19); asimismo Juan (1Jn. 2.1, 12, 13, 18, 28); y será llamado también «ministro de Paz» y Melquisedec es «rey de paz».

Jesucristo no es «igual» a Dios. Filipenses 2:6 ha sido interpretado de manera tan teológica que desvirtúan la información. Para empezar nadie es «igual» a otro ser, aunque sean semejantes. Pablo aclara que Jesús «siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse».

¿Qué es una «forma»? Con base en esa definición, ¿cómo establecemos esa «forma» a la cual hace referencia Pablo? ¿Tiene DIOS alguna «forma» que le caracterice, que le identifique?

¿Qué significa el vocablo «Dios» de cara a que Yehovah constituyó a Moisés «dios» ante el faraón (Ex. 7.1). Elohím al Adam lo formó y creó y le hizo a su imagen conforme a su semejanza.

Pablo explicó que Jesús «no estimó el ser igual a Dios ………….como cosa a que aferrarse».

¿En qué Jesús era «igual a Dios» y que de ello no se aprovechó o no se aferró? Jesús les dijo a esos presentes: «voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo» (Joh 14:28 R60). El vocablo «mayor», ¿denota igualdad?

Jesús es Dios sobre todas las cosas (Ro. 9.5), que el Padre, el «único Dios verdadero» le delegó (Jn. 17.3; Heb. 1.1-2).

En relación a Juan 20:28: Proyectan a Tomás como el único despistado entre los judíos, que en su supuesta exclamación, pésimamente traducida, haya llamado a Jesús «¡Señor mío, y Dios mío!». Todos los judíos, seguidores de Jesús, entendieron de Jesús al respecto que era el HIJO del Dios viviente y Padre; así lo dieron a conocer en sus escritos, como Pablo que inicia todas sus cartas resaltando, al igual que Tomás, a lasmismas dos personas prácticamente con el mismo orden: «Pablo, (1) siervo de Jesucristo, llamado a ser misionero, apartado para (2) el evangelio de Dios»; Santiago: (1) «siervo de Dios y (2) del Señor Jesucristo (Sant. 1:1 R60); Pedro: «Bendito (1) el Dios y (2) Padre de nuestro Señor Jesucristo» (1Pe 1:3 R60); Juan: «y nuestra comunión verdaderamente es con (1) el Padre, y con (2) su Hijo Jesucristo» (1Jo 1:3 R60); Judas: «siervo de (1) Jesucristo (…) a los llamados, santificados en (2) Dios Padre, y guardados en Jesucristo: (Jud 1:1 R60). «La revelación de Jesucristo, que Dios le dio» (Rev 1:1 R60).

Se aferran a un solo versículo, en la supuesta exclamación de Tomás, uno de los tantos seguidores de Jesús, para desvirtuar a los demás. ¿Por qué no tienen en cuenta a los demás con la supuesta exclamación de Tomás? ¿Puede más la hipotética exclamación de Tomás frente a la comprensión de los demás en ese aspecto?

¿No merecen respeto las palabras de Jesús al Padre, que coinciden con lo que todos esos judíos, seguidores de Jesús, entendieron, acerca de la existencia de solo dos personas en esa unidad esencial, siendo solo el Padre ese único Dios verdadero»?

«Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, ————–el único Dios verdadero————, y a Jesucristo, a quien has enviado» (Joh 17:3 R60).

Continuará …

FGuttmann.