Respuesta a: Elohim y Jehova.

#11822
Félix Guttmann
Moderador

Alexander:

Toda insurrección produce una reacción en su contra. Ello se puede evidenciar en un hogar o en una empresa o en un gobierno. Las reacciones se caracterizarán según los casos. Para este caso que nos engloba ese colectivo en particular, denominado del hebreo «ha elohím», se vio en la triste necesidad de replantear muchos aspectos jamás antes experimentados en la creación de los vivientes a semejanza del Creador.

Esa insurrección, como agrupación organizada, se desarrolló en nuestro planeta, que estaba bastante poblado a esos tiempos.

Los que surgieron como «elohim ajerím» o «dioses diferentes» fueron esos siete monarcas que prefirieron continuar sus existencias inmortales por aparte, renunciando a su fuero monarcal celestial o universal, lo cual no hicieron esos 24 reyes que proyecta Juan (Rev. 4 y 5), quienes también recibieron las propuestas del «querub» rebelde.

Las consecuencias de esa rebelión, por su eco fatal, y sus pretensiones expansionistas, motivó a que otro colectivo surgiera de parte del organigrama celestial.

El «antiguo de días» o magno monarca regente sobre todos los monarcas del reino de los cielos (entiéndase sin religión «cielos») inició su liderazgo para contrarrestar los embates del naciente imperio de la maldad de manera bélica donde quiera que este se apostara.

El «antiguo de días» inició su nuevo liderazgo orientado a erradicar a ese imperio junto con esos cuatro «vivientes» o enviados de ese reino. Nació «Yehovah» (YHVH), cuyo nombre significa «varón de guerra» (Ex. 15.3).

El «PADRE» no es que se mantenga «apartado del tema», sino que por su existencia «esencia» no es compatible con ese problema.

Si entendemos el significado de la voz «DIOS», que procede del griego «theos», muchos «dioses» conforman esos organigramas, tanto el del reino celestial como el del imperio del mal.

Cada organigrama tiene su líder, su «cabeza», entonces si utilizamos la palabra «Dios», cada uno que lidera su organización es un «Dios».

Siete «dioses» o monarcas son «diferentes» de los demás porque a partir de esa rebelión regentan un imperio que no se sujeta al organigrama celestial, al cual pertenecieron. Muchos «dioses» o monarcas surgieron de esa rebelión.

El «Padre» no ha intervenido, como se supone, en esta infortunada historia, porque el «Padre» no es hombre y los que han intervenido son del mismo código genético, excepto las criaturas hechas por el imperio del mal.

El «Padre» está en todas partes por medio de su magna ley y leyes que de estas se desprenden. Esa ley y sus normativas se experimentan porque entre sí ajustan, por ello se habla de «justicia», y por consiguiente «armonizan»: ello se traduce como «amor».

Al «Padre» es IMPOSIBLE verlo como HOMBRE, porque es como el «viento», sin embargo «las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa» (Rom 1:20 R60).

La oración magna que enseñó Jesús a los suyos expresa la no presencia del Padre en lo contaminado: «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre».

La petición es clara: «Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra» (Mat 6:9-10 R60).

«Dios» de este mundo es Satán. «Dios» en contra de su imperio es «Yehovah». «Dioses» son esos 24 monarcas enfrentados a los «dioses» que respaldan a Satán y conforman el organigrama del imperio del mal.

«Dioses están de pie en la asamblea del Altísimo; cercanos (a la problemática) los dioses juzgan» (Psa 82:1).

«Dios diferentes» son esos siete monarcas que lideran ese imperio bajo la autoridad de Satán.

«Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores),
para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él. Pero no en todos hay este conocimiento» (1Co 8:5-7 R60).

Encima del «Padre» no vive nadie, pero a su lado esta Jesús, «el cual es Dios sobre todas las cosas» (Rom 9:5 R60), que su Padre le dio por herencia. Alrededor del Padre hay innumerables hijos.

Todos los hijos del Padre somos de su linaje, por tanto somos «dioses»: «Yo dije: Vosotros sois dioses, Y todos vosotros hijos del Altísimo», pero como hombres terrenales moriréis, y como cualquiera de los príncipes (que conforman el imperio de Satán) caeréis» (Psa 82:6-7 R60).

Esto lo ratificó Jesús cuando ese día a esas personas les respondió: «¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois?
Si llamó dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada), ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?» (Joh 10:34-36 R60)

FGuttmann